El carnaval que no cesa
Juan Antonio Vizcaino
Dibujos cortesía de Francisco Nieva
Oí hablar por primera vez de Paco Nieva junto a un fuego. Eran años en los que yo escuchaba más que hablaba. Tenía la suerte de tener buenos interlocutores. Un fuego en el hogar de la chimenea en noches de alto invierno en Víznar, o en la de la comuna de La Cebadilla, junto a Capileira, en pleno ombligo de la Alpujarra, en las tierras altas de la provincia de Granada.
Buen comienzo para escuchar el nombre de Francisco Nieva, ese apellido donde cabe toda la sugestión de la nieve, pero completamente feminizado. Nieva en Víznar, Nieva en la Alpujarra, topónimos con raíces suculentas en la Literatura y la Historia de España. Nieva es una rara flor del jardín ibérico, una flor políglota y cubista. Nieva escritor, Nieva escenógrafo, Nieva dramaturgo, Nieva columnista, pero por encima de todos ellos Nieva español, un injerto de talentos, de los que este país ha dado unos cuántos: Goya, Picasso, Lorca, Arrabal…
En ellos se encarna lo que hemos denominado artista renacentista, capaz de mostrar su genialidad en diversos campos del Arte. Einstein afirmaba que cualquier cerebro genial dedicado a la actividad que fuera, terminaría desarrollando su genialidad indistintamente, fuese cual fuese el campo elegido. Lo que confirma que al genio lo define una curiosidad insaciable.
Cuando me trasladé a Madrid, animado por compañeros de estudios de la adolescencia, me invitaron a una cena en el Colegio Mayor Chaminade, a la que asistía como invitado de honor Paco Nieva. Como a mí me interesaba el teatro pensaron que la cena podría resultarme interesante. Cuando llegó a la sala fue como si hubiera entrado un personaje de Thomas Mann, escapado de su exclusivo Sanatorio en cierta montaña mágica. Aunque su vestimenta era completamente actual, Nieva desprendía una elegancia por encima de todas las épocas. Con el tiempo descubrí que al garbo natural que le había regalado la Naturaleza, y a una vida en un acomodado, exquisito y favorable entorno, se le sumaban un buen decidir parisino, un instinto veneciano y un toque de extravagancia alemana. El dandismo es un concepto muy trillado en los salones literarios, pero el cosmopolitismo quizá no lo sea tanto. Para ello hay que haber vivido largas temporadas en ciudades capitales para la historia de la Literatura y el Arte.
En aquella cena, contestó preguntas y esbozó con ingenio y gracejo algunas de sus visiones del mundo del Arte. Yo osé preguntarle por la formación del actor de teatro en España y particularmente en Madrid, a lo que Nieva me respondió hablándome por primera vez de la Real Escuela Superior de Arte Dramático, donde él había comenzado su tarea pedagógica recientemente. Unos meses después de la mencionada cena ya me encontraba yo preparando mis pruebas de ingreso al Conservatorio teatral madrileño, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de tan sabio maestro. Para la prueba teórica me acerqué a comprar algún manual de teatro contemporáneo a la Librería La Avispa, auténtico aunque diminuto caravasar de los Coranes teatrales donde se dispensaba una devoción ciega al teatro.
Aunque la colección Escelicer de teatro eran los libritos más pequeños y delgados de aquellos estantes, me llevé conmigo Tórtolas, crepúsculo… y telón de Francisco Nieva, un opúsculo que siempre me ha acompañado con un cierto aire de estrella polar de mi humilde biblioteca. Entonces me pareció una obra moderna, arriesgada, diferente. Los personajes no eran tal cual los habíamos conocido hasta entonces. No sólo se dirigían al público desde el escenario, también podían susurrarle desde los palcos.
Tuve la suerte de aprobar aquel examen e ingresar oficialmente en el mundo del teatro, aunque sólo fuese como aspirante. Y por otra parte, ese aprobado me permitiría tener algún día a Francisco Nieva como maestro. Sus clases fueron un privilegio para cualquiera de sus alumnos. No sólo enseñaba lo que sabía, sino lo que era, lo que vivía, lo que había vivido. De todos los profesores era el mejor vestido, incluso cuando llevaba un aspecto más casual siempre destacaba de él algo distinguido. Era la mejor lección de Arte que un alumno pueda recibir nunca.
De su casa en Concepción Jerónima -atrás quedaban los tiempos de su moderno loft en la avenida de Nazaret- se decía que tenía una chimenea de mármol que había pertenecido a Mata-Hari. Nieva había vivido en Venecia, y en París había estado casado con una bibliotecaria. En realidad se trataba de una relevante académica de la Sorbona responsable de las publicaciones de la universidad parisina, y
enormemente influyente en ese París de Roland Barthes.
En 1982, estrenó en el María Guerrero -que ya era CDN- Coronada y el Toro, una fiesta escénica como nunca había visto en mi vida. Aquello del arte total con Nieva se hacía posible. El hombre monja que interpretaba José María Pou, la Coronada de Esperanza Roy y la gitana Mairena que bailaba como un espectro Manuela Vargas, andaban rodeados por multitud de personajes salidos de numerosas estampas de la España romántica. Majas y toreros goyescos, danzantes regionales, coros de efebos… la historia era lo de menos. No recuerdo casi nada de lo que trata la obra, pero nunca había visto tanta alegría y entusiasmo en un escenario culto, y menos en el Centro Dramático Nacional.
No mucho después, estrenó una versión de Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, donde se reivindicaba una visión del romántico como una identidad cercana al postmoderno, que era el arquetipo que rondaba en los últimos años de los ochenta. Tras tanto teatro de aparato, de grandes medios puestos al servicio de un talento inusual, Nieva se vio enzarzado, contra su voluntad, en espinosos laberintos políticos. Esto significó su exilio de este tipo de estrenos que había tenido en España hasta ese momento.
Él mismo cuenta en sus memorias una escena acontecida en la entrega del Premio Mayte, donde fue presentado por José Monleón al flamante ministro de cultura, Javier Solana: “Aquí te presento al loco de Paco Nieva”. Y debió decir loco, sincopando el subtexto “ése que no quiso firmar el documento de artistas e intelectuales a favor del socialismo”. Firmar un cheque en blanco a los gobernantes es impropio de un dramaturgo o de un periodista -por mucho que se juegue sus prebendas- cuando la naturaleza de su oficio es precisamente la contraria: vigilar al gobernante, con la autoridad moral que otorga pronunciar sus juicios ante el público. Una canallada le hicieron los políticos socialistas. En el momento en que Nieva se había convertido en un referente de modernidad y de cosmopolitismo culto, fue exiliado a galeras en plena democracia, y gracias al primer gabinete socialista. Tuvo que esperar nueve años para estrenar de nuevo en un teatro público.















Comentarios
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Claudia Baelo - Dom, 06/27/2010 - 10:26
Vizcaíno, gracias por este artículo tan generoso; espero poder seguir disfrutatando de ti No hay como beber en pozos de aguas viajeras! :D
julio.jose - Vie, 07/16/2010 - 03:02
Gracias Claudia Baelo, no hay mayor manjar y vicio más adictivo, que leer comentarios de lectoras decididas a estampar sus propias palabras tras un texto fronterizo. ¿Sabéis que sois una especie rara?, espero que no en peligro de extinción, si no todo lo contrario.
El perfil de Francisco Nieva que leíste (y que escribí gustosamente para esta revista soñadora e idealista,) en realidad era un gesto de agradecimiento a Paco Nieva, por darnos tanto como nos ha dado. ¿Sabes, que una vez que presentaron a Nieva a una influyente "preciosa ridícula" parisina del S. XX, ella sentenció tras haberlo conocido: "No llegará a nada. Es demasiado amable y bien educado; justo lo que nunca son los buenos artistas." Quizás por eso te parezca generoso el texto publicado, porque es un acto de gratitud al maestro Nieva, por lo bien que siempre me ha tratado.
Y 1 vez leído tu también generoso comentario, (¡nos cuesta tanto reconocer algo y dar las gracias!) te informo que en esta misma revista fronterizada, un grupo de parientes literarios míos ha resucitado algunos de mis relatos, -"Cuentos Singulares"- que han comenzado hoy a ser publicados en el blog Huerta del Retiro, que firma un tal Julio José de Faba.
Por cierto si te animas a visitarlos, y a leer lo que postean, no te creas eso de que yo soy un seudónimo de ese tal Julio José de Faba. Yo diría que más bien todo lo contrario. Ya sabes, saltar a la palestra y estar en el candelabro provoca este tipo de difamaciones y polémicas.
Esperando saciar tu curiosidad ante nuevos viajes improbables, te quedo sentidamente agradecido por tu comentario. Porque yo -como Nieva- soy cordial y bien educado; será por eso por lo que no he llegado nunca a nada. El mundo del arte está lleno de estúpidas ridículas a la francesa, que se creen maravillosas.