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    Los papeles WikiLeaks

    Pablo Mediavilla Costa

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    Esto no es una novela negra escrita en sueco, es la realidad que su gobierno o el banco donde tiene sus ahorros le han ocultado toda la vida. Es muy sucia, como bien intuía, pero ahora tiene algunas pruebas de ella aquí. El arma del pueblo se llama WikiLeaks, una organización dedicada a publicar documentos secretos de interés público -una expresión resucitada-, y sus creadores, con la determinación de un piloto japonés sobre Pearl Harbor, han abierto un boquete de consecuencias impredecibles en el entramado de poder, casi siempre criminal y hermético, que maneja nuestras vidas y acaba con otras muchas. WikiLeaks es la guerrilla perfecta: busca la verdad sin pegar un solo tiro.

           El artilugio fue fundado en 2007 por “disidentes chinos, periodistas, matemáticos y expertos informáticos de Estados Unidos, Taiwan, Europa, Australia y Sudáfrica”, como reza en su página web. Subsiste gracias a donaciones privadas y voluntarios que ofrecen su tiempo, sus servidores o su casa para que el núcleo duro -del que poco se sabe- pueda desarrollar los proyectos fuera del alcance de la censura. No tienen sede, ni apartado de correos. Muchas de las donaciones provienen de medios tradicionales como Los Angeles Times, The Associated Press o The Guardian y otras asociaciones de prensa. Su presupuesto anual es de aproximadamente 300.000 dólares y el doble si se incluyen los salarios de los que se dedican a tiempo completo. A principios de este año, cerraron la página durante un tiempo para protestar por la falta de financiación y dejaron este mensaje: “Usted puede cambiar esto y si lo hace, también el mundo. Sólo 10 dólares nos permitirán poner estos documentos en otras 10.000 manos; y con 1.000 dólares, en un millón de manos”.

           Se autodefinen como “un servicio público multijurisdiccional diseñado para proteger a chivatos, periodistas y activistas que tienen material sensible que comunicar al público”. En su manifiesto utilizan el ejemplo de la malaria para explicar por qué en Estados Unidos no sufren la epidemia y en África mueren 100 personas a la hora: el buen gobierno es la diferencia. “Un gobierno transparente tiende a ser un gobierno justo”. “Abrimos gobiernos”, reza el eslógan en su cuenta de Twitter con más de 90.000 seguidores. 

           La cara visible de WikiLeaks es Julian Paul Assange, un australiano de pelo blanco y hacker precoz, lector de Kafka, Koestler y Solzhenitsyn, que habla muy bien y tranquilo ante las cámaras y que, a estas alturas, figura en demasiadas agendas de demasiadas personas con muy buenas y muy malas intenciones. “Me gusta ayudar a la gente que es vulnerable. Me gusta aplastar a los bastardos”, dijo esta semana en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel. Uno ya no sabe si la transparencia radical que Assange propone le convierte en un loco o en uno de los pocos cuerdos que quedan en el negocio.

           Su último golpe es el Diario de la guerra afgana, la filtración de documentos militares secretos más grande de la Historia. 92.201 informes desde el terreno de la ocupación norteamericana de Afganistán que, no sólo contradicen la versión oficial dada por la Casa Blanca sobre la situación del conflicto, sino que prueban crímenes de guerra y presentan a una resistencia talibán armada hasta los dientes, mucho más fuerte que en 2001 y apoyada por los servicios secretos de Pakistán, el “gran aliado” de Estados Unidos en la región, al que concede 1.000 millones de dólares anuales en ayuda militar. La guerra sin literatura. El sufrido contribuyente norteamericano y sus 300.000 millones ya gastados en un nuevo e inmenso desastre.

           "Aunque estoy preocupado por la aparición de información delicada del frente de combate que potencialmente podría poner en riesgo operaciones y personas, el hecho es que ninguno de estos documentos revela nada de lo que no se haya informado y que no haya sido debatido en público". El Nobel de la Paz, Barack Obama, miente. Nada se sabía de la Task Force 373, un comando de operaciones especiales con una lista de 70 dirigentes talibán a eliminar -al parecer son muy efectivos- o de que el número de muertes civiles sea muy superior a las declaradas hasta el momento -muchas de ellas constitutivas de crímenes de guerra-. También se había ocultado que los talibán utilizan los misiles tierra-aire con sensores de calor Stinger que, en su día, Estados Unidos les suministró para luchar contra la ocupación soviética (1979-1989). La lista de novedades e infamias es larga, pero es curioso que la administración Obama haya desplazado el debate hacia la filtración y no hacia los gravísimos hechos que ésta describe. El pasado martes, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un nuevo presupuesto de 59.000 millones de dólares al esfuerzo de guerra. ¿Quería WikiLeaks influir en esa votación destapando la liebre el pasado domingo? En esta historia no suena la música del azar.

           La minuciosidad de los informes es escalofriante. Civiles asesinados en puestos de control, aviones Drone no tripulados que fallan más de lo que la propaganda vende y deben ser rescatados en mitad de la nada, bases abandonadas y bombardeadas para que la munición no caiga en manos enemigas, alteración de pruebas en casos de matanzas de civiles, corrupción y tráfico de armas en la administración Karzai, los servicios secretos afganos como tapadera de la CIA -que se mueve a su antojo-, operaciones encubiertas de Irán en el país vecino…

     

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    Comentarios

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    Muchas gracias a ti.

    Un estupendo y gran reportaje, Pablo. Enhorabuena y gracias por tu buen trabajo.

    Muchas gracias Karmen.

    Ojalá tenga cada vez más espacio este periodismo, para que nos llegue información que no parezca de replicantes, y nos ayude a conocer "el mundo que hay detrás de las vallas de publicidad, de los discursos, de los manifiestos, de las Alianzas de Civilizaciones"... es toda una esperanza, porque aunque la verdad a veces es fea, es necesaria para hacer las cosas mejor. Aplausos por el artículo, que inspira eso.

    Ojalá tenga cada vez más espacio este periodismo, para que nos llegue información que no parezca de replicantes, y nos ayude a conocer "el mundo que hay detrás de las vallas de publicidad, de los discursos, de los manifiestos, de las Alianzas de Civilizaciones"... es toda una esperanza, porque aunque la verdad a veces es fea, es necesaria para hacer las cosas mejor. Aplausos por el artículo, que inspira eso.

    Gracias por los enlaces y por el comentario. No sé si lo de Ellsberg y WikiLeaks es periodismo, pero sí fundamentales para su existencia.

    Es que el Periodismo consiste en eso, en saber lo que se oculta a los ciudadanos por algún motivo y nos importa a todos. No es moco de pavo oficial.
    Me imagino a Daniel Ellsberg ahí colándose de puntillas por los despachos oficiales meses y meses por las noches para fotocopiar con una paciencia infinita hoja por hoja los informes no oficiales, eso sí que es hacer periodismo con nocturnidad y alevosía. Daniel Ellsberg, sí señor, con un par!!

    Como curiosidad este documental de "El hombre más peligroso de América" es del 2009 y se puede ver por Megavideo por ejemplo en este link: http://www.megavideo.com/?v=6O69MNKE
    Este link de un blog con comentarios sobre el documental también está muy bien:
    http://documentalesatonline.blogspot.com/2010/07/el-hombre-mas-peligroso...

    Muchas gracias por el comentario. Es triste observar que matanzas indiscriminadas se pierden por el sumidero de esta historia, pero bueno, supongo que hay que resistir...

    Creo que no solo la Casa Blanca sino también el resto hemos desplazado el debate más hacia la filtración (revelación de la verdad) y la fuerza de Wikileaks que hacia los hechos destapados. Quizá porque, como se dice en este texto, ya nos parece algo insólito.

    ¿Solo el periodismo más o menos altruista es capaz de algo así?

    Bravo por Wikilwaks y bravo por este reportaje.

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